Gustavo Salazar A.
Tanto es el desconsuelo
que resbala ya
de entre los cielos
en agonía la esperanza,
de poquito en poquito,
de golpe luego
nos envuelve en su manto
que nos ata y revienta
en un penar de rabia
por uno mismo acallada,
que absorbe la savia,
reseca la vida,
embriaga los pasos,
la ruta extravía
y el dolor propaga,
es manto de sal
en herida que brota,
crece y en odios anida.
Adormecida la ciudad
en su dolor de fuego,
aspira miedo y exhala
muertos vivientes
como lava que en obeliscos
de oropel petrifica lágrimas;
almas de almas vacuas,
llanto que se esparce
en humo que hiere, es grito
que congela la garganta,
reclusión de la esperanza;
del cielo y la tierra
el desamparo a ultranza.
martes, 12 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
La Grilla
Gustavo Salazar A
Una larga noche
la tuya, Grilla mía.
Quieta no podías estar,
tu incesante andar sin rumbo
era tu desesperación.
Con la cabeza al cielo
y la mirada en la nada
te sentabas,
pero algo te impulsaba,
una y otra vez y otra vez
y te ponía
a deambular en el camino
que las puertas
el cielo aún no te abría.
Tus ojos blancos
se topan con la mañana,
y tu caminar
como de ebrio arrepentido
se estrella en paredes
y en muebles,
en tu destino
que grita el fin de tus
alegres días al tronar
un pulmón en fatiga.
Te tumbaste cerca de mí,
y a un estrepitoso
estornudo siguió el temblor
de tus patitas,
y ante los azorados ojos
de la Princesa, tu cachorra,
tu cuerpo se tornó ligero
como pluma, como ave,
ya con dientes, ya sin humo
tus “negros y redondos” ojitos,
y sin ronquidos rudos
y sin andar triste
presta al cielo subiste.
Una larga noche
la tuya, Grilla mía.
Quieta no podías estar,
tu incesante andar sin rumbo
era tu desesperación.
Con la cabeza al cielo
y la mirada en la nada
te sentabas,
pero algo te impulsaba,
una y otra vez y otra vez
y te ponía
a deambular en el camino
que las puertas
el cielo aún no te abría.
Tus ojos blancos
se topan con la mañana,
y tu caminar
como de ebrio arrepentido
se estrella en paredes
y en muebles,
en tu destino
que grita el fin de tus
alegres días al tronar
un pulmón en fatiga.
Te tumbaste cerca de mí,
y a un estrepitoso
estornudo siguió el temblor
de tus patitas,
y ante los azorados ojos
de la Princesa, tu cachorra,
tu cuerpo se tornó ligero
como pluma, como ave,
ya con dientes, ya sin humo
tus “negros y redondos” ojitos,
y sin ronquidos rudos
y sin andar triste
presta al cielo subiste.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Tempestades
Gustavo Salazar A
Oyes cómo caen
las gotas de lluvia,
incesantes,
así las mías,
florecen el amor
en el otoño
de la siempre primavera.
No hay viento,
muda el agua escurre
por tu blusa rosa pálido,
la empapa,
de tu pecho asoman miradas
y el canela de tu piel
ofrendas sin demora
reclama
para avivar la ternura,
que nunca muera,
viaja de la mano con mi alma.
Los truenos no espantan,
revientan lejos
pero acercan los pechos,
tan cerca que funden
los cuerpos en vapores,
y el fuego preserva
del amor sus dulces
sabores, deleite
también en tempestades.
Oyes cómo caen
las gotas de lluvia,
incesantes,
así las mías,
florecen el amor
en el otoño
de la siempre primavera.
No hay viento,
muda el agua escurre
por tu blusa rosa pálido,
la empapa,
de tu pecho asoman miradas
y el canela de tu piel
ofrendas sin demora
reclama
para avivar la ternura,
que nunca muera,
viaja de la mano con mi alma.
Los truenos no espantan,
revientan lejos
pero acercan los pechos,
tan cerca que funden
los cuerpos en vapores,
y el fuego preserva
del amor sus dulces
sabores, deleite
también en tempestades.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Atrapado
Gustavo Salazar A
Rizado uno de tus cabellos
en tu seno se regodea
y mi desazón provoca,
mi rabia desborda en silencio,
la envidia me mata porque
ocupar ese paraíso ruego,
y yo en el borde
de un precipicio voy ciego;
mi infierno arde,
con el desparpajo de tu mirar
rápido me desarmas,
agua es mi fuego.
La soberbia cumbre
escala sin prisa
el risueño cabello,
sus ojos benevolentes
se posan en mis muecas,
en roca se estrella
su denuedo de cielo,
no obstante me ablanda
su dulce mirar,
y se enrosca,
dichoso dormita
en ese cálido lunar.
Se mofa de mí,
su sonrisa sin malicia
me atrapa,
como telaraña a la mosca
en busca de miel,
sediento sin sed
en la trampa se atasca,
de la araña es la red.
Rizado uno de tus cabellos
en tu seno se regodea
y mi desazón provoca,
mi rabia desborda en silencio,
la envidia me mata porque
ocupar ese paraíso ruego,
y yo en el borde
de un precipicio voy ciego;
mi infierno arde,
con el desparpajo de tu mirar
rápido me desarmas,
agua es mi fuego.
La soberbia cumbre
escala sin prisa
el risueño cabello,
sus ojos benevolentes
se posan en mis muecas,
en roca se estrella
su denuedo de cielo,
no obstante me ablanda
su dulce mirar,
y se enrosca,
dichoso dormita
en ese cálido lunar.
Se mofa de mí,
su sonrisa sin malicia
me atrapa,
como telaraña a la mosca
en busca de miel,
sediento sin sed
en la trampa se atasca,
de la araña es la red.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Todas las horas
Gustavo Salazar A
Generosa la luz
me conceda todas
las horas del día
para andar por el cielo
de truenos
y el furibundo mar,
sin planetas de fronteras,
con el corazón tierno
rebosante de miel
para ofrendar a las iras
el bocado que mitigue
las penas y amargura
del largo día de festín
de odios, de la corona
de zafiros y diamantes,
sin espinos la sangre.
Iré de ropas ligero
con prendas viejas,
limpias y transparentes
al cuerpo untadas;
de agua pura y fresca,
sorbos parcos serán alas
en ese viaje donde clame
el perdón de mis negros días
y mi sol ilumine el sueño
que al despertar
cure sinsabores,
lazos de alegría luzcan
las puertas del alma
y un triunfo de la famélica
libertad sea.
Generosa la luz
me conceda todas
las horas del día
para andar por el cielo
de truenos
y el furibundo mar,
sin planetas de fronteras,
con el corazón tierno
rebosante de miel
para ofrendar a las iras
el bocado que mitigue
las penas y amargura
del largo día de festín
de odios, de la corona
de zafiros y diamantes,
sin espinos la sangre.
Iré de ropas ligero
con prendas viejas,
limpias y transparentes
al cuerpo untadas;
de agua pura y fresca,
sorbos parcos serán alas
en ese viaje donde clame
el perdón de mis negros días
y mi sol ilumine el sueño
que al despertar
cure sinsabores,
lazos de alegría luzcan
las puertas del alma
y un triunfo de la famélica
libertad sea.
sábado, 7 de agosto de 2010
Anhelo
Anhelo
Gustavo Salazar A
Si el beso que veloz
vuela de mi boca
tu pecho conquista
y baña en tus aromas,
una dicha muy grande
mi locura corona.
De claveles y jazmines
las fragancias, mieles
inacabables en esa rosa
de embrujo libaría,
de mis labios en su gloria.
Pero el viento arroja lejos
ese beso que en el suelo
se esparce en flores,
te ve alta y lejos.
Sufre el beso por el calor
que le niegas;
siempre es invierno
en una vida que anhela
tu sonrisa, un abrazo
y el beso de tu mirada tierna,
redención de la agonía.
Despojados de prejuicios,
en el sendero del corazón
tú y yo con el beso ufano
por los siglos
de los siglos de pasión,
sin tregua, sin reclamo.
Gustavo Salazar A
Si el beso que veloz
vuela de mi boca
tu pecho conquista
y baña en tus aromas,
una dicha muy grande
mi locura corona.
De claveles y jazmines
las fragancias, mieles
inacabables en esa rosa
de embrujo libaría,
de mis labios en su gloria.
Pero el viento arroja lejos
ese beso que en el suelo
se esparce en flores,
te ve alta y lejos.
Sufre el beso por el calor
que le niegas;
siempre es invierno
en una vida que anhela
tu sonrisa, un abrazo
y el beso de tu mirada tierna,
redención de la agonía.
Despojados de prejuicios,
en el sendero del corazón
tú y yo con el beso ufano
por los siglos
de los siglos de pasión,
sin tregua, sin reclamo.
domingo, 1 de agosto de 2010
Indiferencia
Indiferencia
Gustavo Salazar A
Acariciar tus muslos,
crepitar de mis manos,
llamas ávidas de calma
cual beso ansioso
que busca abrigo
en tus labios risueños;
dentelladas felinas,
tu cuerpo cruje
al roce de mis yemas,
aferrarme a tus piernas,
como a la vida el náufrago,
bálsamo para mis penas,
aliento de mi hambre,
tu tersa piel morena,
alacena de mis desvelos
Te abrasan mis ojos,
de a poquitos te engullen
en juegos propicios
una tarde de lluvia
de versos y besos,
entre sueños y risas
mi delicia eres;
pero cual latigazo
tu mirada de mármol
me apaga,
tu indiferencia demuele
impúdica mis ansias,
de mi alma a la tuya,
puente de espinos.
Despierto
sin estar dormido,
no duermo para despertar
sin estar contigo,
es preferible imaginar
el gozo de su fresco nido
que enfrentar la elocuencia fría
de un beso extraviado
en tu boca,
que cancelada para mi
sin piedad está.
Gustavo Salazar A
Acariciar tus muslos,
crepitar de mis manos,
llamas ávidas de calma
cual beso ansioso
que busca abrigo
en tus labios risueños;
dentelladas felinas,
tu cuerpo cruje
al roce de mis yemas,
aferrarme a tus piernas,
como a la vida el náufrago,
bálsamo para mis penas,
aliento de mi hambre,
tu tersa piel morena,
alacena de mis desvelos
Te abrasan mis ojos,
de a poquitos te engullen
en juegos propicios
una tarde de lluvia
de versos y besos,
entre sueños y risas
mi delicia eres;
pero cual latigazo
tu mirada de mármol
me apaga,
tu indiferencia demuele
impúdica mis ansias,
de mi alma a la tuya,
puente de espinos.
Despierto
sin estar dormido,
no duermo para despertar
sin estar contigo,
es preferible imaginar
el gozo de su fresco nido
que enfrentar la elocuencia fría
de un beso extraviado
en tu boca,
que cancelada para mi
sin piedad está.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)