miércoles, 17 de noviembre de 2010

Permite...

Gustavo Salazar A.

Deja que mis besos
recorran tus valles,
tus montañas y mares,
sin saciar mi hambre.

Mis labios de lobo
en tu lago sean rayos,
lumbre que arda
en una tarde de toros,
triunfo de las flores.

Mis pasos alojo
encuentren en tu bosque,
que una poda le pido,
crujan de fuego las ramas,
paz tengan las almas
en las bravas aguas.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Tempestades de cenizas

Gustavo Salazar A

Como gotas que taladran
tristezas y alegrías
con hambre inaudita,
la tierra hieren
tempestades de cenizas;
con sangre que arde
el sol agoniza;
con rabia la risa
los ojos mudos bailotean
en lágrimas resecas,
ladridos de perros
de los corazones dueños,
retumban hasta desbordar
mitos y miedos.

La casa está rota,
sus puerta y ventanas entran
el dolor más grande, el dolor
que derrumba de tristeza y espuma
la desvencijada casa de colores
de esperanza deslavada.
Miro la cruz en el suelo botada,
miro la espada en la pared,
enmierdada de vidas cegadas.
De las aves no queda nada,
las cenizas mutilan el canto
y la alegría en vano
los profesionales del llanto,
porque a la noche siempre,
a pesar de la espesura
y las sombras, sigue el día.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Sembrador de alpiste

Gustavo Salazar A.

Voy a sembrar alpiste
en calles y jardines,
veredas de alegría
que exterminen llantos,
cascadas de espinos.

Cantos de aves
de ágiles y suaves alas
nutran al corazón
de torrentes de armonía
a almas que se
esparcen como pétalos
de hiel;
luminosa luz
en la espesura
de odio festivo
el camino sin
traspiés guíe.

Olas de perdón
alejen las tempestades
de sangre
que coloran de zozobra
pálidas sombras
de las sombras,
o la furia del frío infierno
se ensañe más
sobre el ausente cielo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Señores de la podredumbre

Gustavo Salazar Adame

Ecos estridentes,
cantos de muerte
acompasados en bocas
que escupen lava,
provocan llantos
del placer y la agonía el santo,
esclavos del dios jade
que en un instante de esplendor
y fantasía apuran sin temor
la vida como fugaces reyes.

Midas de polvo y humo,
sangre es todo lo que toca
y duelo su color;
de huérfanos y viudas
esa inacabable estela
escarlata en el firmamento
que luce en su frente.

En la otra orilla asoma,
regado de finos aromas, pulcro,
y tapados los pellejos
con prendas diamantinas,
con sonrisas de araña,
y lap top en la mano
como eficaz metralla,
retumba en canto triunfal
con sus toneladas del erario
que esquilma como si nada
banda del cuello blanco,
en hazaña impune, diaria,
con la bendición
de la casta sagrada,
el gran hacedor que tiene
también, sin remedio,
en el abismo a la nación.

Mas no es en lo profundo,
sino en lo cálido de esas bravas
aguas donde esas corrientes
en una imbatible se funde
hasta brillar, sobre los más,
como señores de la podredumbre.

viernes, 22 de octubre de 2010

El baúl

Gustavo Salazar A

Qué hacer con el baúl,
ese que tantas infamias
sepulta a flor del recuerdo,
cuando mi puño
en guerra contra el mundo
resonaba mordaz,
yo era dios, y poco a poco
el viento en el basurero
mis humos deposita;
en lodo el ego vomita,
ignora su perdición.

Imaginé un arco iris
de frescos y sanos sabores,
las voces firmes y las manos
unidas, todas, orondo clamé
para ahogar
en “ríos de leche y miel”
vidas de piedra el pan;
sin ramas el árbol caído
y gotas de vinagre los mares,
los días de mi gloria nubes
de escarnio arropan;
a fantasmal vagancia en pena fui,
y con mi lanza filosa de rencores
presta a mi sombra embestí,
custodio fiel de la esperanza,
corona de telarañas
premian mi vesania.

Pero mi deslumbrante baúl,
que reboza odios, lastre
que arrastra y restriega
una herencia inevitable,
como al hueso la piel,
aviva a fuego lento,
sin expiar mis pecados,
mi secular dolor.

martes, 12 de octubre de 2010

Desamparo

Gustavo Salazar A.

Tanto es el desconsuelo
que resbala ya
de entre los cielos
en agonía la esperanza,
de poquito en poquito,
de golpe luego
nos envuelve en su manto
que nos ata y revienta
en un penar de rabia
por uno mismo acallada,
que absorbe la savia,
reseca la vida,
embriaga los pasos,
la ruta extravía
y el dolor propaga,
es manto de sal
en herida que brota,
crece y en odios anida.

Adormecida la ciudad
en su dolor de fuego,
aspira miedo y exhala
muertos vivientes
como lava que en obeliscos
de oropel petrifica lágrimas;
almas de almas vacuas,
llanto que se esparce
en humo que hiere, es grito
que congela la garganta,
reclusión de la esperanza;
del cielo y la tierra
el desamparo a ultranza.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La Grilla

Gustavo Salazar A

Una larga noche
la tuya, Grilla mía.
Quieta no podías estar,
tu incesante andar sin rumbo
era tu desesperación.
Con la cabeza al cielo
y la mirada en la nada
te sentabas,
pero algo te impulsaba,
una y otra vez y otra vez
y te ponía
a deambular en el camino
que las puertas
el cielo aún no te abría.

Tus ojos blancos
se topan con la mañana,
y tu caminar
como de ebrio arrepentido
se estrella en paredes
y en muebles,
en tu destino
que grita el fin de tus
alegres días al tronar
un pulmón en fatiga.

Te tumbaste cerca de mí,
y a un estrepitoso
estornudo siguió el temblor
de tus patitas,
y ante los azorados ojos
de la Princesa, tu cachorra,
tu cuerpo se tornó ligero
como pluma, como ave,
ya con dientes, ya sin humo
tus “negros y redondos” ojitos,
y sin ronquidos rudos
y sin andar triste
presta al cielo subiste.