lunes, 6 de diciembre de 2010

In memorian

Gustavo Salazar A
A doña Arcadia


En tu estrecha morada
de cara al cielo abierto,
tapices de flores y trinos de aves
en valle de olivos miman tus sueños,
viajan en humo, en alas,
como suspiros, como besos,
en los corazones anidan.

Una mañana tierna fuiste ave,
al azul en vuelo, sin truenos,
rauda esparciste
de años sabia tu alma;
de lágrimas de espino la pena,
en los fríos, tu alegría y el esfuerzo
honran el recuerdo,
tu presencia crece cual palmera
que desde su trenza divisa
lo fecundo de su huerta
y el contagio de su risa.

Con suaves silbos árboles guardianes
valsan en tu bienvenida
y te acunan raíces de terciopelo
y estrellas y la luna te arrullan;
reposas tranquila como lucero
que desde lejos, desde el regazo
de la tierra, cada día más brilla.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El pendón

Gustavo Salazar A

Allí va la fiesta,
con bosques de pasos
que labios de fuego
la apremian,
vibra la enorme faena
por el año que termina
y al nuevo la alegría
sin regateos desde el cielo
hasta San Mateo ilumine;
carnavales infernales
malas pesadillas sean,
ausentes por siempre.

Gritos que se estrellan
en el vacío, vértigo
que pasea como
sombra ebria con recelo;
agobio de tinieblas,
la penumbra es día;
cascadas de magueyes
liberan alas de fantasías
en arco iris de temores
cautivas.

Sudores y alcohol
en portento de festival
de máscaras y flores,
evocan tormentas de sol
sin mengua de sonrisas
del campo hoy trizas,
que forja tenazas de acero
en caminata de algarabía.

Tu vergel agoniza
de burla el alma;
te sabes lastre
y gloria de reyes,
te sabes volcán,
que en tu seno
acumulas como granada
que abre y arroja,
a veces generosa,
a veces desalmada,
pasión desbocada.

¡Pendón!, si trastabillas
flagelado por lluvia
de incesante fuego
o por besos del elixir
que alegra el corazón,
no te rindas, por favor,
y haz de tu fiesta una miel,
al paladar un dulce sin colmar
de ese gran festejo
que en Chilpancingo
perdure popular

domingo, 28 de noviembre de 2010

La copa de la paz

Gustavo Salazar A

Ya he bebido
conmigo mismo
la copa de la paz,
tangos propios
no martirizo,
mucho menos
como loco
en otro compás.

Al silencio mío
entrañable aliado,
al zumbido del grillo,
el sarcasmo de la cuija
y la Princesa sin
freno en su ladrar,
fuerza de la voz
sin hablar;
pero a esos
que maltratan
las palabras a gritos
y las preñan de vacío,
a esos la vista
viva sin observar.

Las batallas ajenas,
sean de orquídeas
sus ricos aromas,
o de oros el elíxir
de tempestad,
en el camino las dejo
como soldado que rinde
su fusil si ofende
la sublime ebriedad
del amor, lucero guía
la dulzura de la vida.

martes, 23 de noviembre de 2010

Huacapa

Gustavo Salazar A

Por tu renovado cuerpo viajan
ámbares aguas y pantanos
que taladran la cara;
en arsenal letrina devienes,
cual catrina de miles
de años jarra de puro vino,
torna las flacas gotas de agua
en recreativo río de orines.

Por barrios y colonias
de caché y populachos
alimentado, río Huacapa
eres una volcán deslenguado,
y próspero serías
si vendes como oro
lo que arrastras,
porque todo lo que por ti pasa,
eso que a muchos cuesta
uno y otro para engañar el cazo,
en ti es puré de calabaza.

La espera

Gustavo Salazar A.

Nada más de pensar
a qué hora me la topo,
o si ex profeso ella
se presenta con afrentas
nuevas contra mi causa,
que la lengua le cuecen
como heridas
que en ácido matan,
y yo sin ver siquiera
una lluvia de estrellas
en su hosco rostro,
menos adornar con finas
burbujas y espumas
pospuesta fiesta,
si de mirada y manos soy
bozal con mil candados,
si el acné ataca
con denuedo mi faro;
me conformo al imaginar
que su fina redondez
emana mortal calor
en mi voraz pecho,
y muero por su ramillete
apiñonado al conquistar
así sea en sueños,
ensueño de su lecho.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Grandes palacios

Gustavo Salazar A

Grandes palacios
de cristales y rosas rojas
en mi tierra,
regados con asfalto
y aromas insanos
son vastos,
casi besan el cielo,
se confunden
con ramos de nubes,
con sueños de imperio;
a sus pies,
florecidos valles
las aguas candentes
hieren, hambre creciente
atenuada con rezos,
con bocados de palabras,
sin mañana.

En tus setenta años

Gustavo Salazar A

En tus setenta años,
Carlos hermano,
yo bien te recuerdo
como colores y canto,
de cristales y canto,
de madera y agua
y canto,
fiesta en tu corazón
de sonrisa que vuela
cual paloma que proclama
al trabajo como el gran
deber del amor.

Largo es tu camino,
tenaz tu andar
por ríos de vidrio
infestados de heridas,
de sangre y sudor las huellas
no son de olvido, aplastan
risueñas delirios de pedestal.

Eres manos de Arcadia
y de Florencio abuelo,
el devoto de la Cruz
y el hacedor de estuches de duelo,
el de mirada de miel
y en la boca el “sea por Dios”,
de ese gran jefe que atesoró
en las cuentas del rosario
sus plegarias al Señor
y que de la solidaridad
fue lujo de amor.

Carlos, una estrella más
de los millones de ellas
que sostienen el cielo
con alas de acero
y perpetuo canto;
del sudor que labra corazones,
de esa estirpe, caudal eres.