Gustavo Salazar A
Tu majestuosa humildad
resplandece como rosa de amor
en lo hondo de la herida,
llanto de sangre y agua
del atribulado corazón,
oscuros días;
mas la brisa de tu mano
como rayo de paz
ilumina y restaura
la fiesta de la alegría;
de la fe es el triunfo
sobre la idolatría.
Caiga el fruto de odios
en aguas claras
y sus jugos se tornen
veneros de concordia;
y si persiste su hiel
en arder delicados pastos,
consúmase en su propia piel
en fuego lento,
y azufre y espinos sean
su voraz sustento
por ofensas al Hacedor
de vergeles y glorias.
lunes, 14 de marzo de 2011
viernes, 11 de marzo de 2011
Las manos del redentor
Gustavo Salazar A
Del universo en expansión
o de un suspiro alegre
de besos, brilla tu mirada
como lluvia de estrellas,
en las tinieblas
luz de redención.
De miel suave
que dulce embriaga,
también de preciosa sangre
son esas miradas
que vierte el alma
en alas cortas y en las vastas.
Palomas caen abatidas
por sonrisas de altivez;
otras levantan el vuelo
en cantos de gloria,
valsan por siglos en los cielos,
de “Mi dulce Señor” es la honra.
En interminable valle
de flores y aves
y frescos lagos mora el Pastor,
abundan los trigos y el gozo,
y en el corazón
la mano del Redentor.
Del universo en expansión
o de un suspiro alegre
de besos, brilla tu mirada
como lluvia de estrellas,
en las tinieblas
luz de redención.
De miel suave
que dulce embriaga,
también de preciosa sangre
son esas miradas
que vierte el alma
en alas cortas y en las vastas.
Palomas caen abatidas
por sonrisas de altivez;
otras levantan el vuelo
en cantos de gloria,
valsan por siglos en los cielos,
de “Mi dulce Señor” es la honra.
En interminable valle
de flores y aves
y frescos lagos mora el Pastor,
abundan los trigos y el gozo,
y en el corazón
la mano del Redentor.
lunes, 21 de febrero de 2011
Aguas tristes
Gustavo Salazar A
Tristes aguas mis mares,
calmas por encima miradas,
vómito que desgarra el corazón,
es baño de ardor fecundo y deslava
el alma, desnuda cubre sus penas
con risas de fango y hielo de caricias
y de tormentas plenas.
Lágrimas resbalan en cascadas de sangre,
en sus aguas flotan navajas
que podan y reverdecen la agonía
como el desierto la boca de grietas
por labios de fuego que torna en cenizas
el aliento encadenándolo a olor inmundo,
vano es engañar la vida con delicias.
Moradores de las entrañas, gusanos
en busca de tumbas y drenajes
el apuro de aire fresco, vivificante,
como sonrisa de bebé ante la luna
el escurridizo sueño, siempre ausente
de dichas y de tiernos besos.
Tristes aguas mis mares,
calmas por encima miradas,
vómito que desgarra el corazón,
es baño de ardor fecundo y deslava
el alma, desnuda cubre sus penas
con risas de fango y hielo de caricias
y de tormentas plenas.
Lágrimas resbalan en cascadas de sangre,
en sus aguas flotan navajas
que podan y reverdecen la agonía
como el desierto la boca de grietas
por labios de fuego que torna en cenizas
el aliento encadenándolo a olor inmundo,
vano es engañar la vida con delicias.
Moradores de las entrañas, gusanos
en busca de tumbas y drenajes
el apuro de aire fresco, vivificante,
como sonrisa de bebé ante la luna
el escurridizo sueño, siempre ausente
de dichas y de tiernos besos.
miércoles, 19 de enero de 2011
Como roble, abuelo
Gustavo Salazar A
Como roble sereno y fuerte,
diestro en la confección del traje
que engalana tu oficio viejo
a la indomable muerte,
alegre ante la vida,
sereno ante lo cierto.
Hacedor de almohadas y camas
con rizos y tersos lienzos,
resaltan los pliegues como sonrisa
en la blanca o gris falda,
ropón que se ciñe en el viaje
sin regreso de la tierra
por féretros penetrada.
Ave de altos vuelos
una tarde remontaste
montañas y mares
y en viento te esparciste,
tu equipaje eran años
de ofrenda y glorias al cielo,
en ese camino sin desmayo
tus pasos de acero y algodón
honran al trabajo
y claveles al corazón,
otras manos se esmeraron
en tu porte en ida triunfal.
Entre jacarandas y pinos
en danza por melodías
de traviesos trinos,
tu inmensa sonrisa brilla
iluminando todos los rincones
de la casa y compartes la savia,
savia que sosiega el alma
y la humildad alienta
como ungüento solidaria.
Como roble sereno y fuerte,
diestro en la confección del traje
que engalana tu oficio viejo
a la indomable muerte,
alegre ante la vida,
sereno ante lo cierto.
Hacedor de almohadas y camas
con rizos y tersos lienzos,
resaltan los pliegues como sonrisa
en la blanca o gris falda,
ropón que se ciñe en el viaje
sin regreso de la tierra
por féretros penetrada.
Ave de altos vuelos
una tarde remontaste
montañas y mares
y en viento te esparciste,
tu equipaje eran años
de ofrenda y glorias al cielo,
en ese camino sin desmayo
tus pasos de acero y algodón
honran al trabajo
y claveles al corazón,
otras manos se esmeraron
en tu porte en ida triunfal.
Entre jacarandas y pinos
en danza por melodías
de traviesos trinos,
tu inmensa sonrisa brilla
iluminando todos los rincones
de la casa y compartes la savia,
savia que sosiega el alma
y la humildad alienta
como ungüento solidaria.
domingo, 16 de enero de 2011
Gestoría bar
Gustavo Salazar A
Hasta este sagrado lugar
extenuado a diario llego
como sediento pobre obrero
pero en auto de lujo más que nuevo,
es mi selecta trinchera que constata
el desvelo que por mi patria
sin remilgos le dedico horas y horas
como chuchería honrada por mí
la social gestora.
Si muy copioso es mi sudar
la causa la ciudad la provoca
con sus atajos muy pronunciados,
como si ganasen el cielo
o en reniego de su histórico sello,
pero nunca es culpa de la gestoría,
disculpa la onerosa cocina,
que en lugar de sesos ofrece
banquetes de suculenta letrina.
No se trata de cualquier desecho,
por supuesto ya no tacos ni garnachas,
menos epazote con frijoles de olla,
sino de carnes y quesos sin empacho
de los obesos fajos de pesos,
es la expulsión de la gloria,
de las dietas de los prohombres,
duchos en el desprecio de Guerrero,
escultores del futuro como basurero.
Hasta este sagrado lugar
extenuado a diario llego
como sediento pobre obrero
pero en auto de lujo más que nuevo,
es mi selecta trinchera que constata
el desvelo que por mi patria
sin remilgos le dedico horas y horas
como chuchería honrada por mí
la social gestora.
Si muy copioso es mi sudar
la causa la ciudad la provoca
con sus atajos muy pronunciados,
como si ganasen el cielo
o en reniego de su histórico sello,
pero nunca es culpa de la gestoría,
disculpa la onerosa cocina,
que en lugar de sesos ofrece
banquetes de suculenta letrina.
No se trata de cualquier desecho,
por supuesto ya no tacos ni garnachas,
menos epazote con frijoles de olla,
sino de carnes y quesos sin empacho
de los obesos fajos de pesos,
es la expulsión de la gloria,
de las dietas de los prohombres,
duchos en el desprecio de Guerrero,
escultores del futuro como basurero.
Llamas en hielo
Gustavo Salazar A
Si es dicha duradera la odisea
de comer en tu regazo, huésped puntual sea
en esa morada, río de besos y de tu boca avidez,
envidia de estrellas y del aire palidez.
Si la lejanía es un océano, un abrazo trunco,
tu aroma nunca será fógón en mis lazos
si cuando en tu rostro me miro otro rostro sonríe,
quede sin manos y los besos reos en los labios.
Amor, tejo sin manos y sin besos
un cielo de lágrimas ciego,
sin día, con enfado de estrellas,
maltrechas caen como diluvio de rayos
y a noches glaciales el fuego es indolente,
llamas en hielo la condena, agonía de la flama.
Si es dicha duradera la odisea
de comer en tu regazo, huésped puntual sea
en esa morada, río de besos y de tu boca avidez,
envidia de estrellas y del aire palidez.
Si la lejanía es un océano, un abrazo trunco,
tu aroma nunca será fógón en mis lazos
si cuando en tu rostro me miro otro rostro sonríe,
quede sin manos y los besos reos en los labios.
Amor, tejo sin manos y sin besos
un cielo de lágrimas ciego,
sin día, con enfado de estrellas,
maltrechas caen como diluvio de rayos
y a noches glaciales el fuego es indolente,
llamas en hielo la condena, agonía de la flama.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Fantasía de luna
Gustavo Salazar A
Por una rendija de la luna me mirabas
y mis ojos los tuyos sin buscar atrapan,
y a ambos el inasible sabor del cielo
al instante sus luces ciegan.
Beber veneno en tus besos,
tus espinas, dulce que no empalaga,
tu flor, embrujo que aniquila;
tu ausencia, fantasma que come el alma.
Escarpadas montañas tus mieles, a sorbos
o a dentelladas, de lumbre como lengua,
con dientes y faldas escalan.
En la cima con garras de furia es planta,
revive con viento frío, sin quebranto,
y se regodea en su fantasía de luna.
Por una rendija de la luna me mirabas
y mis ojos los tuyos sin buscar atrapan,
y a ambos el inasible sabor del cielo
al instante sus luces ciegan.
Beber veneno en tus besos,
tus espinas, dulce que no empalaga,
tu flor, embrujo que aniquila;
tu ausencia, fantasma que come el alma.
Escarpadas montañas tus mieles, a sorbos
o a dentelladas, de lumbre como lengua,
con dientes y faldas escalan.
En la cima con garras de furia es planta,
revive con viento frío, sin quebranto,
y se regodea en su fantasía de luna.
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