Gustavo Salazar A.
Fresco de cabeza a pies,
de verde alegría y lleno de vida
esbelto ciprés,
aún ayer tu sonrisa y picardía
es goce de niños y ancianos
en sol de mediodía;
suaves manos tus ramas,
cobijo de rayos,
refugio de besos y abrazos,
placidez que renueva las fantasías.
Tristeza hace rato refleja tu primavera,
gallardo cadete, joven pinito;
era alegría en tu follaje
el baile de parlanchinas aves,
azoro los entrometidos roedores
en el alpiste como gloria
y pena el ceño de almas
todas guerra, con aires de santas,
sin dar de beber a pobres
que mueren de sed.
Tu dolor callas;
la herida asoma en tu talle,
en vano oculta la quieres
si el rocío son lágrimas de fuego;
te quema el odio que un inmundo
untó en tu gracia, celoso
de tus guiños con el cielo;
se desliza el vil en silencio,
lazos son sus brazos tras las sombras
en su afán de atar el viento.
Masculle, maldice y hacia arriba escupe;
su saliva le llaga la cara,
la envidia es lumbre
y los dientes le chillan pestilentes,
y el canto del viento celebra la vida,
la alegría florece y los árboles en danza
ensalzan el triunfo sobre sueños
como amos del mundo
con sus metales e ilusiones:
lúgubres de corazones.
lunes, 23 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Una gota de rocío.
Gustavo Salazar A.
Fresca y dulce llegue
una gota de rocío
a los pastos tristes;
sea eterna, lave odios,
los rencores purifique
y retoñe vigorosa la armonía;
la paz en los corazones
nunca más huya aterrada
como presa de leones;
triunfe sobre el hielo la vida.
La dulzura de esa gota
borre las imprecaciones
de las bocas de fuego y ajenjo
en su lastimoso pulular;
sin sosiego,
en llamas aquí y allá
sus dentelladas escarlatas
anegan valles y veneros;
abundantes las cosechas
en sales y soledad, el trofeo.
Esa gotita,
en el camino de brasas
penetre honda y fresca,
y más que esperanzas
broten de sus cenizas
dalias, jazmines y rosas
que esparzan en sus arrullos
la gracia de Él como forjador,
sobre todas las cosas,
de la civilización del amor.
Fresca y dulce llegue
una gota de rocío
a los pastos tristes;
sea eterna, lave odios,
los rencores purifique
y retoñe vigorosa la armonía;
la paz en los corazones
nunca más huya aterrada
como presa de leones;
triunfe sobre el hielo la vida.
La dulzura de esa gota
borre las imprecaciones
de las bocas de fuego y ajenjo
en su lastimoso pulular;
sin sosiego,
en llamas aquí y allá
sus dentelladas escarlatas
anegan valles y veneros;
abundantes las cosechas
en sales y soledad, el trofeo.
Esa gotita,
en el camino de brasas
penetre honda y fresca,
y más que esperanzas
broten de sus cenizas
dalias, jazmines y rosas
que esparzan en sus arrullos
la gracia de Él como forjador,
sobre todas las cosas,
de la civilización del amor.
viernes, 6 de mayo de 2011
Cenicienta en desgracia
Gustavo Salazar A
Entras a Palacio
con la sonrisa ancha,
por la puerta
que de par en par
abre, revienta
la fuerza popular;
en las nubes está tu gloria
y en tu mente la guillotina
contra el que te encumbra
como esperanza en la cima.
Y sales,
no como las chachas;
el balcón saltas
en el ocaso de tu mandato
quince para las doce,
como Cenicienta
que huye aterrada
de la condena soberana,
que el pedigrí quema,
al destierro, en desgracia.
Entras a Palacio
con la sonrisa ancha,
por la puerta
que de par en par
abre, revienta
la fuerza popular;
en las nubes está tu gloria
y en tu mente la guillotina
contra el que te encumbra
como esperanza en la cima.
Y sales,
no como las chachas;
el balcón saltas
en el ocaso de tu mandato
quince para las doce,
como Cenicienta
que huye aterrada
de la condena soberana,
que el pedigrí quema,
al destierro, en desgracia.
martes, 3 de mayo de 2011
Mi ciudad está triste
Gustavo Salazar A
Mi ciudad está triste, muy sola;
muda, con la boca cosida con espinas
para que sus alaridos
no huyan a tierra fantasma;
estén como úlcera en la garganta herida,
o en refugio en su íntimo drenaje
en duelo de añoranzas y fantasías.
Entre lamentos y espantos,
y sombras de púrpura vestidas,
la ciudad se apaga
como a Egipto Yahvé con feria de plagas;
el fin de los tiempos,
tiempos sin fin, funestos;
la espalda al Mesías,
el culto a la arrogancia, la culpa.
Si tus palabras son mares, cielo
y montañas, esfuma ya esos males;
la misericordia también
es tu gloria, Jesús,
salvador de los necios mortales
con tu perdón desde la Cruz;
sufres al ver que tu obra sucumbe,
muchas veces ante la furia,
otras con monedas de lumbre.
Mi ciudad está triste, muy sola;
muda, con la boca cosida con espinas
para que sus alaridos
no huyan a tierra fantasma;
estén como úlcera en la garganta herida,
o en refugio en su íntimo drenaje
en duelo de añoranzas y fantasías.
Entre lamentos y espantos,
y sombras de púrpura vestidas,
la ciudad se apaga
como a Egipto Yahvé con feria de plagas;
el fin de los tiempos,
tiempos sin fin, funestos;
la espalda al Mesías,
el culto a la arrogancia, la culpa.
Si tus palabras son mares, cielo
y montañas, esfuma ya esos males;
la misericordia también
es tu gloria, Jesús,
salvador de los necios mortales
con tu perdón desde la Cruz;
sufres al ver que tu obra sucumbe,
muchas veces ante la furia,
otras con monedas de lumbre.
miércoles, 27 de abril de 2011
Él, la mano amiga
Gustavo Salazar A
Intangible tu ser, más que roble
es tu presencia en los que te aman;
tu mano, presta y generosa no escatima
en cada instante en nosotros tus dones
de amor, sanidad y abundancia;
se palpan tus coronas.
Omiso a tu Palabra vagaba yo
como perro en extravío;
con la soberbia hasta en el calzado
para engalanar las uñas,
sin importar que sus manos
metan las pezuñas en la luna
para regocijo del ego,
reflejo de lo frágil de mi espejo.
Tanto fue el embeleso mío
que me condujo a enaltecer
la tecnología como moderna divinidad,
portadora de nueva vida,
acceso al paraíso digital.
En esa vía llega la terrible caída,
sin que el calzado orgulloso
evitara el fondo del pozo;
ni las mil maravillas ni las medallas
en las calles ganadas
me rescatan ni curan las profundas heridas;
sólo Él con su mano amiga,
a todas horas dispuesta, siempre benigna,
nunca a nadie olvida.
Intangible tu ser, más que roble
es tu presencia en los que te aman;
tu mano, presta y generosa no escatima
en cada instante en nosotros tus dones
de amor, sanidad y abundancia;
se palpan tus coronas.
Omiso a tu Palabra vagaba yo
como perro en extravío;
con la soberbia hasta en el calzado
para engalanar las uñas,
sin importar que sus manos
metan las pezuñas en la luna
para regocijo del ego,
reflejo de lo frágil de mi espejo.
Tanto fue el embeleso mío
que me condujo a enaltecer
la tecnología como moderna divinidad,
portadora de nueva vida,
acceso al paraíso digital.
En esa vía llega la terrible caída,
sin que el calzado orgulloso
evitara el fondo del pozo;
ni las mil maravillas ni las medallas
en las calles ganadas
me rescatan ni curan las profundas heridas;
sólo Él con su mano amiga,
a todas horas dispuesta, siempre benigna,
nunca a nadie olvida.
martes, 26 de abril de 2011
Derroche de amor
Gustavo Salazar A
Arropado con palomas y amor,
una noche que el camino ilumina
como nueva vida la estrella,
lejos de la casa paterna
en humilde cuna naciste;
honra y gloria del Resplandor.
Tu grandiosa sencillez no es de otra
sino de poderoso príncipe de paz;
con tu mano siembras dichas
y con la mirada irradias calma y sanas;
pan de almas ávidas de libertad.
De prodigios tu reposado paso,
mas espinas siempre en vano pinchan
tu gloria, Dios del protagonismo;
en el sacrificio el primero eres,
y en los pecados de todos, el perdón.
La Cruz tornas en derroche de amor
en un mundo que su salvación escupe,
deslumbrado por esos que pretenden
asaltar al mismo Dios del cielo,
con la imagen de Jesús en una mano
y en la otra el botín del averno.
Arropado con palomas y amor,
una noche que el camino ilumina
como nueva vida la estrella,
lejos de la casa paterna
en humilde cuna naciste;
honra y gloria del Resplandor.
Tu grandiosa sencillez no es de otra
sino de poderoso príncipe de paz;
con tu mano siembras dichas
y con la mirada irradias calma y sanas;
pan de almas ávidas de libertad.
De prodigios tu reposado paso,
mas espinas siempre en vano pinchan
tu gloria, Dios del protagonismo;
en el sacrificio el primero eres,
y en los pecados de todos, el perdón.
La Cruz tornas en derroche de amor
en un mundo que su salvación escupe,
deslumbrado por esos que pretenden
asaltar al mismo Dios del cielo,
con la imagen de Jesús en una mano
y en la otra el botín del averno.
sábado, 23 de abril de 2011
Oros de la desgracia
Gustavo Salazar A
De esos corazones huraños
a la sonrisa del alma,
de esos rostros festivos de males
brote la restauradora sangre
y desborde al mundo con fervor
en el servicio del otro yo,
sin importar color ni linaje,
que somos iguales ante el Señor;
de justos y pecadores es la división.
No sirvo para vivir
si por servir en codicia vivo;
no sirvo si de lágrimas ajenas
manan mis ufanas vanidades,
en otros duras penas;
las colecciono como preseas,
son el pan y sal de pobres
que arrebaté en batallas glotonas,
sin pizca de resquemores.
Que honra puede valer en mi gula
el resplandor si al olvido hiero con furia,
si obeso gasto el vientre en miserias
y lamiendo a diario me tienen
mis vanas glorias.
Y me jaco de mi gracia
cual Judas que en la cruz
cuelga al padre Jesús
por más oros de la desgracia.
De esos corazones huraños
a la sonrisa del alma,
de esos rostros festivos de males
brote la restauradora sangre
y desborde al mundo con fervor
en el servicio del otro yo,
sin importar color ni linaje,
que somos iguales ante el Señor;
de justos y pecadores es la división.
No sirvo para vivir
si por servir en codicia vivo;
no sirvo si de lágrimas ajenas
manan mis ufanas vanidades,
en otros duras penas;
las colecciono como preseas,
son el pan y sal de pobres
que arrebaté en batallas glotonas,
sin pizca de resquemores.
Que honra puede valer en mi gula
el resplandor si al olvido hiero con furia,
si obeso gasto el vientre en miserias
y lamiendo a diario me tienen
mis vanas glorias.
Y me jaco de mi gracia
cual Judas que en la cruz
cuelga al padre Jesús
por más oros de la desgracia.
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