miércoles, 17 de marzo de 2010

Residencia de idilios

Gustavo Salazar A.

Nada suave es su alma
menos en sosiego,
su caminar
con sonrisa
y alegría en el mar
de estrellas,
su pasado ancla,
en vano vuela,
el sueño le niegan.

Sus alas rotas
no la tienen atada,
de vivir en el cielo
se cuelga de misas
y sus pecados lava,
de flotar hastiada
en el desconsuelo
suplica paso al jardín
de las delicias.

Su llanto retumba,
Dios se apiada
del incansable rodar
de su alma de cera
y veneno en el habla,
y le concede una gracia
si lleva una vida desnuda,
desnuda de blasfemias
y rencores:
residencia de besos,
rica en calores.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Cruel amanecer

Gustavo Salazar A

Cómo no va a ser mía
grande la pena,
si en noche sombría
se esfuma mi gozo.
Ansia con aliento de champán,
jazmines y muchos danzones,
en la mesa discusión, café y pan.

La cosa pintaba bien.
La ñora de treinta y tantos ánimos
bien disimulados en riguroso contado,
se presenta envuelta en gris
al banquete de savia para mi.

La boca se me hace jugo,
garras de fuego las manos,
la vista desnuda el apuro
y columpio de fantasías su cintura.
Se cimbra de pronto mi cuerpo todo,
se ahoga en sus cenizas la brasa
y desmaya quien abre la casa.

La dentellada a la chuleta se niega,
que adorna desde hace rato la fina losa
y espera sin nada ser bañada en salsa mora,
luego sin peroratas, con suaves y lentas
embestidas, ser disfrutada.

Falla en la hora buena la magia
para enaltecer a los años viejos,
mientras el manjar alegra la fiesta
con ronquidos de once a seis sin cuartel,
yo con café y revistas de TV,
vela sin gloria es mi cruel amanecer.

lunes, 8 de marzo de 2010

Lágrimas burlonas

Gustavo Salazar A.

Qué importa si malos, si buenos,
si la sangre de todos en un mar
de impotencia emana dolor,
lágrimas burlonas en bacanal
que instaura el rencor,
congela miradas y sonrisas
y la zozobra en desfile funeral.

El dolor se esparce como gritos del viento
que condena a roca los corazones,
los recubre con hiel y espolvorea
cáncer en verde miel a la armonía.

Con su aromático sabor de poder y gloria
la miel modela voluntades y pasiones.
Manda su penetrante color en miles
de hombres sin esperanza,
de hombres sin alimento,
su alimento es el encanto por el desencanto,
la sed de venganza.

Ríos de llanto, de pájaros ausente el cielo,
de acero es el canto de la furia,
el culto de ultrajar a la muerte
de inimaginables mil maneras,
es el impune la ley de veras.

domingo, 7 de marzo de 2010

La gloria no eres tu

Gustavo Salazar A

Con una aureola de oro y diamantes
doña Gloria desde Acapulco
al Congreso llega con la bandera
de honesta y brillante.

Con más ínfulas que ganas de honrar
su nombre, en Sedesol su blanco son
los estudiantes y las maduritas,
una pizcacha les regatea;
en venganza le propinan un moquete:
la mataviejitas.

Con esa fama regresa al mar,
quiere ser la capitana
en el servicio a los demás sin tacha;
prenda de alma buena que en la costera
un descalabro la espera.

Surca aguas turbias con férrea mirada
sin divisar un huracán en la elección:
la despedaza y el alma le desparrama
un domingo de tricolor resurrección.

Capitana de quebrantos, a los lejos
vislumbra de México el Congreso;
exhausta regadera como balneario
de pobres en primavera queda.

Persiste en su suerte huraña,
al untar sebo a resbaloso piso
sale rauda de donde recién llega:
sólo por no apañar
las talegas del Seguro Popular.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Tributo

Gustavo Salazar A

Nada grave sería si mis labios
sangran por rozar las espinas,
que frustrar quieren mi gozo
de un suave beso a esa esquiva rosa.

Con esa sangre yo regaría
las noches y los días de esa flor huraña
y de su talle y sus hojas procuraría
el donaire que la luzca gallarda y fina.

Si las espinas con su imprudencia
desisten mi deseo de alegrar mi sombrío
lecho con su fuerte presencia,

que de la rosa el rocío
ahogue los gritos de mi suplicante pecho,
beba veneno letal el caído.

La dicha

Gustavo Salazar A

Muy tranquilo dormía,
de un tirón,
un abrir y cerrar
de ojos me deja un tesoro
dueño descubrí.

Las noches habían
sido manoteos y gritos,
sudores y pleitos,
agonía un instante eterno,
un infierno.

Otra noche así, qué dolor.
Le pedí a Dios
un sueño de sosiego
y emprendí el viaje
a ese negro resplandor.

En un breve pestañar
en esa negrura,
tapado como chiquillo
en la cama toda mía,
de pies a los hombros
cubierta, dejando
en la mía caer su mirada,
a mi lado la vi,
y regresé al sueño de paz.

Temprano evoqué mi visión
y di las gracias al Señor
por esa dicha insuperable
de tener a mi madre
de mi inolvidable.

martes, 2 de marzo de 2010

Cadena perpetua

Gustavo Salazar A

Un truhán ante ti estoy en penitencia
de tantas veces te lastimé sin pudor,
complaciente tú en esa sedición
postra a dos a cadena perpetua de amor.

Nunca fue ceniza la llama, jamás la apaga
ni la tempestad, menos una sonrisa
con aires de carcajada, pero el calor
reforesta bosques de mimos vastos.

Porque ayer una primavera me trajiste
y con sus flores y frescuras ya no tengo
ratos ni soledades tristes.

Apaciguaste mi paso, en los vericuetos
extravíos de la vida paz me diste,
y ante todo con ternura me colmaste.