Gustavo Salazar A
¡Carajo! Arrebatarles
de la boca el pan
a niños y ancianos;
osadía de esa casa
que se nutre en un vientre
borracho de vinagre;
sin alma nace,
sin mieles de Roca.
¡Buitre!
Ajeno al calor de madre.
Con suaves maneras
apila sus rapiñas a sus pies
y hiere la mesa
de los afanes diarios
con autos y exóticos platos;
galante con esa corbata
que le ciñe la garganta
y le brilla desde la cola,
también es su corona
de ilustre en la bola.
Duerme como inocente,
nada le inquieta su gula,
sabe que muerde
y engulle fuerte
y del frío lo tapan sedas
efímeras de gloria;
aunque le remuerde
una gran pena:
la falta de muchos ceros
al rapaz cuentahabiente.
lunes, 25 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
Hambre vieja
Gustavo Salazar A
Mis besos navegan con hambre vieja
en el caudal de tu agua brava,
a los años anima el incesante torrente,
luz al desgano de mis ojos, clemente.
Aquellas noches sin lumbre,
sin fuego que avive la vista,
del socarrón frío que la sangre roba,
lejos de mi vida muere esa sombra.
Mis manos devoran tu frondoso altiplano,
las quema tu tersa brasa, vibran,
el suspiro cae modorro,
arrulla los crujidos del lazo la lluvia.
Canta el amor y muerde y el tiempo retiene
la dulce locura de navegar
en la cálida trampa de tu océano,
agua a mi viaje, sed de ti sin descanso.
Mis besos navegan con hambre vieja
en el caudal de tu agua brava,
a los años anima el incesante torrente,
luz al desgano de mis ojos, clemente.
Aquellas noches sin lumbre,
sin fuego que avive la vista,
del socarrón frío que la sangre roba,
lejos de mi vida muere esa sombra.
Mis manos devoran tu frondoso altiplano,
las quema tu tersa brasa, vibran,
el suspiro cae modorro,
arrulla los crujidos del lazo la lluvia.
Canta el amor y muerde y el tiempo retiene
la dulce locura de navegar
en la cálida trampa de tu océano,
agua a mi viaje, sed de ti sin descanso.
domingo, 17 de julio de 2011
Vano esfuerzo
Gustavo Salazar A
Interminable tiniebla
de sueños rotos, espesa;
la danza, desenfreno de jaurías,
con velas de sangre ilumina
la noche larga, sin cielo;
el ansia vaga, busca, arrastra,
adora dioses, avasalla el oro,
que el viento esparce, cual
castillo en arena en lodo queda,
en humo de hojarasca, sin fuego.
En lo bajo se desvanece,
en el suelo yace el delirio
de edificar en los jardines del cielo;
sigue al sueño la pesadilla,
el prurito de los brillos
que al alma entorpece,
como Nerón, incendia la casa;
confía en resurgir de las cenizas
con mando más allá del universo,
al polvo retorna su vano esfuerzo.
Interminable tiniebla
de sueños rotos, espesa;
la danza, desenfreno de jaurías,
con velas de sangre ilumina
la noche larga, sin cielo;
el ansia vaga, busca, arrastra,
adora dioses, avasalla el oro,
que el viento esparce, cual
castillo en arena en lodo queda,
en humo de hojarasca, sin fuego.
En lo bajo se desvanece,
en el suelo yace el delirio
de edificar en los jardines del cielo;
sigue al sueño la pesadilla,
el prurito de los brillos
que al alma entorpece,
como Nerón, incendia la casa;
confía en resurgir de las cenizas
con mando más allá del universo,
al polvo retorna su vano esfuerzo.
viernes, 8 de julio de 2011
Orgullo de la fetidez
Gustavo Salazar A
Rostro sediento sin sed,
de corrompidos huesos espejo,
de la equidad, ¡bendito gigante!
hieres a hombres y a mujeres
con desparpajo;
igual ofendes,
poco a poco sin descanso
al santo de tu inflamada devoción,
al erario, indefenso en tus manos.
Como ave de rapiña, diestro,
ávido devoras mesas y sillas
de esos que ponen la mejilla;
sí, de esos que los de tu calaña
con gusto refunden en el agujero
porque de los inmortales
nadie les reclama,
y te encumbras en la cima
con mares de sudores ajenos,
para brillo de tu cama.
Con los que andan sus pasos en flores,
más que miel su voz y sus gestos,
más que lacayo a los lustrados pies;
desalmado con los que tilda
en silencio y a gritos de viles gatos,
sin inquietarle que su vientre
de gases y tripas y rencores,
con sonoras y largas carcajadas reviente,
que le anuncian que ha llegado el parto,
la anhelada hora de su altiva fetidez:
ríos de caca, alimento de su dotado ser.
Rostro sediento sin sed,
de corrompidos huesos espejo,
de la equidad, ¡bendito gigante!
hieres a hombres y a mujeres
con desparpajo;
igual ofendes,
poco a poco sin descanso
al santo de tu inflamada devoción,
al erario, indefenso en tus manos.
Como ave de rapiña, diestro,
ávido devoras mesas y sillas
de esos que ponen la mejilla;
sí, de esos que los de tu calaña
con gusto refunden en el agujero
porque de los inmortales
nadie les reclama,
y te encumbras en la cima
con mares de sudores ajenos,
para brillo de tu cama.
Con los que andan sus pasos en flores,
más que miel su voz y sus gestos,
más que lacayo a los lustrados pies;
desalmado con los que tilda
en silencio y a gritos de viles gatos,
sin inquietarle que su vientre
de gases y tripas y rencores,
con sonoras y largas carcajadas reviente,
que le anuncian que ha llegado el parto,
la anhelada hora de su altiva fetidez:
ríos de caca, alimento de su dotado ser.
martes, 14 de junio de 2011
Peregrino de odios
Gustavo Salazar A
Hablantín en cualquier continente, locuaz
peregrino eres, tus pies de diamantes
brillan en caminos que andan sin pasar,
mas en gula de odios avanzas sin errar.
Tus ojos malignos la ruta extravían,
maldices del día la luz, de la noche amante,
de la bulla de cantina guía,
en las sombras falleces, de ira el ahogo.
Con puñalada trapera matas tu propio destino,
no hay sangre, ni agua, sólo bilis derramas,
tu alma está repleta de infamias.
Entre circo y calvario fue tu paso
de hiel y oro, voraz, dictador sin mundo,
como perros y gatos, inhabitable tu casa.
Hablantín en cualquier continente, locuaz
peregrino eres, tus pies de diamantes
brillan en caminos que andan sin pasar,
mas en gula de odios avanzas sin errar.
Tus ojos malignos la ruta extravían,
maldices del día la luz, de la noche amante,
de la bulla de cantina guía,
en las sombras falleces, de ira el ahogo.
Con puñalada trapera matas tu propio destino,
no hay sangre, ni agua, sólo bilis derramas,
tu alma está repleta de infamias.
Entre circo y calvario fue tu paso
de hiel y oro, voraz, dictador sin mundo,
como perros y gatos, inhabitable tu casa.
miércoles, 1 de junio de 2011
La ira del cielo
Gustavo Salazar A
La ira del cielo no es otra,
es la amargura de ver en sus aves
el desdoro de sus alas, rotas,
que reta la fortaleza de la Roca.
Nubes de fuego y vientos con saña
azotan sin misericordia la ciudad,
llanto que en siglos no acaba,
apaga el alma de madres en soledad.
La ausencia puebla las casas de fantasmas;
torna intensa la furia de los rayos
la alabanza del brillo que deslumbra;
al Señor es la ofensa con bronces y bisutería;
luz del camino, dicen, Él ya no alumbra,
aunque arda sin fin la tierra por tal herejía.
La ira del cielo no es otra,
es la amargura de ver en sus aves
el desdoro de sus alas, rotas,
que reta la fortaleza de la Roca.
Nubes de fuego y vientos con saña
azotan sin misericordia la ciudad,
llanto que en siglos no acaba,
apaga el alma de madres en soledad.
La ausencia puebla las casas de fantasmas;
torna intensa la furia de los rayos
la alabanza del brillo que deslumbra;
al Señor es la ofensa con bronces y bisutería;
luz del camino, dicen, Él ya no alumbra,
aunque arda sin fin la tierra por tal herejía.
Don Gato
Gustavo Salazar A.
Muy alto el porte,
ni el mismo cielo
juzga indigno de sus pies
el disparejo suelo;
sabe que la robusta torre
como alfiler
su fortaleza un soplo
fácil puede vencer.
Mas el alto porte
en las nubes hace retumbar
su poderosa pisada,
el universo es poco pastel
para su exquisita
presencia de seda
y su voz de cuartel.
El infinito de estrellas y lunas
es menos que nada
para su humilde jacal,
si tiene al verde mar
como piscina adorada
y al cielo para que renazca
como zona super VIP,
a san Pedro y san Pablo vedada.
La torre abatida
por su propio peso
su insolencia traga
polvos y más que eso,
y su altivo trasero aún gruñe
ser gran señor de dinero,
genio de la tranza,
o el rico pato altanero;
es el eterno sueño
del eterno gato marrullero.
Muy alto el porte,
ni el mismo cielo
juzga indigno de sus pies
el disparejo suelo;
sabe que la robusta torre
como alfiler
su fortaleza un soplo
fácil puede vencer.
Mas el alto porte
en las nubes hace retumbar
su poderosa pisada,
el universo es poco pastel
para su exquisita
presencia de seda
y su voz de cuartel.
El infinito de estrellas y lunas
es menos que nada
para su humilde jacal,
si tiene al verde mar
como piscina adorada
y al cielo para que renazca
como zona super VIP,
a san Pedro y san Pablo vedada.
La torre abatida
por su propio peso
su insolencia traga
polvos y más que eso,
y su altivo trasero aún gruñe
ser gran señor de dinero,
genio de la tranza,
o el rico pato altanero;
es el eterno sueño
del eterno gato marrullero.
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