Gustavo Salazar A
De qué sirve a Jesús
por nosotros la cruz,
desechar al “hombre viejo”
y dotar a ciegos en la luz
de camino venerado,
si del madero
todavía no ha bajado;
en silencio su sangre derrama
como banquete
a los Judas de siempre,
amos de trinquetes
a granel y sin rubor,
sin distingo de mañas
ríen su mala fama.
Cual Mesías de oropel,
el dominio del mar y el cielo
al amparo de gesto fiero
y la mano repleta de dinero,
la distancia de la cruz
es su defensa;
en ofensas y tropelías
ignora las profecías:
¡Al pozo el marrullero!
Sólo el amor es capaz
de sufrir y dar sin condición,
como Jesús en muerte atroz
es dolor, y salvación
de quien su Ley es miel
y con su propia
carne propala el perdón fiel,
como Jesús aún en la cruz.
martes, 18 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
Ojos como mar
Gustavo Salazar A
Ojos como un mar sin olas
atrapados en su hastío,
brillo de reproches,
alarido que cae de agobio
al huir la noche
en saciados baños de sudores
de sus muchos sueños,
olivo y cadalso,
indigesta que petrifica
pero devora mi reseca boca.
Manantial en tierra árida
reclama fuego para avivar la flama,
fuego para aplacar el incendio
de la tormenta que desgarra
sin perseguir la detestable calma,
cuando se goza la angustia
de las ausencias largas
como pan en mesas de nada,
de fruta de náuseas,
del vino, contumaz nana.
Embriaga el desvelo como bilis,
alerta las manos en vigilia la carne,
delicia del pecado, baile y canto,
de armas el despojo
en un abrir y cerrar de párpados
sin aires de ningún enojo;
el viento deshoja la rosa
y el ajenjo impregna la rutina
de cervezas y vómito de egos:
excelsas cátedras de letrina.
Ojos como un mar sin olas
atrapados en su hastío,
brillo de reproches,
alarido que cae de agobio
al huir la noche
en saciados baños de sudores
de sus muchos sueños,
olivo y cadalso,
indigesta que petrifica
pero devora mi reseca boca.
Manantial en tierra árida
reclama fuego para avivar la flama,
fuego para aplacar el incendio
de la tormenta que desgarra
sin perseguir la detestable calma,
cuando se goza la angustia
de las ausencias largas
como pan en mesas de nada,
de fruta de náuseas,
del vino, contumaz nana.
Embriaga el desvelo como bilis,
alerta las manos en vigilia la carne,
delicia del pecado, baile y canto,
de armas el despojo
en un abrir y cerrar de párpados
sin aires de ningún enojo;
el viento deshoja la rosa
y el ajenjo impregna la rutina
de cervezas y vómito de egos:
excelsas cátedras de letrina.
martes, 11 de octubre de 2011
Gracias Padre
Gustavo Salazar A
Gracias Padre:
la elocuencia de tu Palabra
en la tiniebla es luz,
sonrisa la sombra,
en los abismos manos,
calma en aguas bravas
y refugio de alma atribulada.
Tu presencia vasta y generosa,
dispuesta al fértil sendero
del pan y la concordia,
con brillos y manteles
de rapiña y oprobio
la codicia tuerce,
mas tu aliento crece,
se expande el universo
y el viento advierte
el brote de la nueva era,
de fuego del cielo que fulmina
telarañas de acero.
Gracias Padre:
la elocuencia de tu Palabra
en la tiniebla es luz,
sonrisa la sombra,
en los abismos manos,
calma en aguas bravas
y refugio de alma atribulada.
Tu presencia vasta y generosa,
dispuesta al fértil sendero
del pan y la concordia,
con brillos y manteles
de rapiña y oprobio
la codicia tuerce,
mas tu aliento crece,
se expande el universo
y el viento advierte
el brote de la nueva era,
de fuego del cielo que fulmina
telarañas de acero.
lunes, 26 de septiembre de 2011
La pizpireta
Gustavo Salazar A
De galleta en galleta
brinca al refresco y al café,
o al Kino Padre vino
armada de vaso de unicel,
en servilletas de papel
hurta torres de canapé
la pizpireta,
el meloso elogio a cofradías
de lectores o de prensa
le abre puertas a las fantasías.
De intenso cabalgar
y de halagado trote,
la sonriente Queta
de curvas de cafres delicias,
en bajada se desliza aprisa al volante,
mas ahoga en sus aguas doradas
a los que nadan en esas caricias
con más y más, sin fondo la paga
por unas horas de simple ilusión:
polvo la faja, rezo sin devoción.
Nunca se queja de manos y besos
la parlanchina Queta;
Eros es su primor y agradece
con desparpajo de fuego
su mucho celo;
aunque de imprecaciones llene
a los escasos de marmaja,
con los muchachos enloquece
pero deplora la ausencia de lana,
de morralla el monedero, sultana.
De galleta en galleta
brinca al refresco y al café,
o al Kino Padre vino
armada de vaso de unicel,
en servilletas de papel
hurta torres de canapé
la pizpireta,
el meloso elogio a cofradías
de lectores o de prensa
le abre puertas a las fantasías.
De intenso cabalgar
y de halagado trote,
la sonriente Queta
de curvas de cafres delicias,
en bajada se desliza aprisa al volante,
mas ahoga en sus aguas doradas
a los que nadan en esas caricias
con más y más, sin fondo la paga
por unas horas de simple ilusión:
polvo la faja, rezo sin devoción.
Nunca se queja de manos y besos
la parlanchina Queta;
Eros es su primor y agradece
con desparpajo de fuego
su mucho celo;
aunque de imprecaciones llene
a los escasos de marmaja,
con los muchachos enloquece
pero deplora la ausencia de lana,
de morralla el monedero, sultana.
martes, 20 de septiembre de 2011
Ausencia de la esperanza
Gustavo Salazar A.
Galardones de la maldición
vayan a lo más hondo del mar
para salir nunca jamás,
sean lirios y aves de armonía.
Su encanto deslumbra y carcome,
ácido de sonrisas y corazones
que disuelve el mañana
en olas crecientes de rencores.
Empedradas las calles de muerte,
la sangre es torrente de odios,
envenena el aire y la mente,
y ultima sin recato cantos y danzas
y festina en letrinas el adiós,
larga ausencia de la esperanza.
Galardones de la maldición
vayan a lo más hondo del mar
para salir nunca jamás,
sean lirios y aves de armonía.
Su encanto deslumbra y carcome,
ácido de sonrisas y corazones
que disuelve el mañana
en olas crecientes de rencores.
Empedradas las calles de muerte,
la sangre es torrente de odios,
envenena el aire y la mente,
y ultima sin recato cantos y danzas
y festina en letrinas el adiós,
larga ausencia de la esperanza.
viernes, 16 de septiembre de 2011
De dónde vendrá el viento
Gustavo Salazar A.
De dónde vendrá el viento,
su gracia arrastre
el interminable pesar
con arrullo fresco,
sea canto de ave,
suave el paso de lo oscuro
a claridad vibrante,
alumbre al nuevo día,
de rencores y amargura estéril
el retoño de la alegría.
Viento fresco golpea de una vez,
impregna la piel
y anima los corazones;
semblantes de piedra
con sed de lágrimas,
llantos como caudales
en resguardo bajo llave
labran con desparpajo
madres de mortíferos males,
golosas como moscas en miel.
No te retrases,
viento abre tus brazos,
reparte tus besos,
fecunda cual semilla
en tierra reseca, de siglos
sin humedad la afrenta,
el aire quema, es llama;
viento no atices más
la citadina soledad
como flama en el desierto.
De dónde vendrá el viento,
su gracia arrastre
el interminable pesar
con arrullo fresco,
sea canto de ave,
suave el paso de lo oscuro
a claridad vibrante,
alumbre al nuevo día,
de rencores y amargura estéril
el retoño de la alegría.
Viento fresco golpea de una vez,
impregna la piel
y anima los corazones;
semblantes de piedra
con sed de lágrimas,
llantos como caudales
en resguardo bajo llave
labran con desparpajo
madres de mortíferos males,
golosas como moscas en miel.
No te retrases,
viento abre tus brazos,
reparte tus besos,
fecunda cual semilla
en tierra reseca, de siglos
sin humedad la afrenta,
el aire quema, es llama;
viento no atices más
la citadina soledad
como flama en el desierto.
martes, 6 de septiembre de 2011
Con menguada boca
Gustavo Salazar A
Te quiero dar un beso
con menguada boca,
con labios desgarrados
en la sombra
y la mandíbula de ansias rota;
mis brazos ya no son cárcel
en tu cuerpo,
ni mis suspiros cabalgan
en tus quejidos,
ni tus ojos en el apuro me miran.
Te marchas de mi vida,
aunque no quieras,
mi mirada te retiene,
aunque no puede,
cerca de mi tu lejanía,
un paso, tal vez
la conquista de la sima,
como el grito que ahoga el mudo
que estalla en vivo llanto,
de besos la melancolía.
Te quiero dar un beso.
Te quiero dar un beso
con menguada boca,
con labios desgarrados
en la sombra
y la mandíbula de ansias rota;
mis brazos ya no son cárcel
en tu cuerpo,
ni mis suspiros cabalgan
en tus quejidos,
ni tus ojos en el apuro me miran.
Te marchas de mi vida,
aunque no quieras,
mi mirada te retiene,
aunque no puede,
cerca de mi tu lejanía,
un paso, tal vez
la conquista de la sima,
como el grito que ahoga el mudo
que estalla en vivo llanto,
de besos la melancolía.
Te quiero dar un beso.
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