Gustavo Salazar A
¿Y entonces conciencia pública somos?
¡Incólume y oportuna!
El veredicto final.
Porque demoledora piedad juzga faenas
ajenas y de inmediato son destrozadas
con gritos baratos.
Perdonavidas desde aula callejera
o tarde pozolera en ritual con toque
de ABC letrado en ciencias fatales
o inacabable café, en lineal círculo
ridículo paso extasían.
Y cuando el dictamen ufana con aire
inapelable, falla de calle.
Regadera y drenaje se reniegan luego.
Y la excusa sin lengua en la lumbre:
Somos humanos.
domingo, 6 de diciembre de 2009
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